Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento
… Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde
jueves, 28 de enero de 2010
Impacto de la Deforestacion en las Yungas Salteñas
IMPACTO DE LA DEFORESTACIÓN EN LAS YUNGAS SALTEÑAS. EL DESMONTE DE UNA SELVA YA PUSO EN EMERGENCIA A TODA UNA CIUDADORÁN SE SUPERPOBLÓ CON LOS ABORÍGENES QUE DEBIERON ABANDONAR EL BOSQUE PORQUE LA TALA LOS DEJÓ SIN AGUA NI COMIDA. CRECIERON LOS CASOS DE HANTAVIRUS Y DENGUE. Y, SEGÚN LOS ESPECIALISTAS, HAY RIESGO DE ALUDES.
Las topadoras avanzan con la potencia de un tanque de guerra y arrasan, cada dos minutos, con una hectárea de bosque nativo argentino. En la porción salteña de la Selva de Yungas, el avance de la agricultura late como una bomba de tiempo: las comunidades que vivían en el monte superpoblaron los asentamientos de Orán, la ciudad más cercana, y ahora mendigan por sus calles de polvo.Sin árboles que contengan el agua, Orán se inunda y su gente está aprendiendo a convivir con la presencia crónica de enfermedades: hantavirus, leishmaniasis y dengue. La selva de Yungas está en emergencia forestal. Y la gente de Orán vive bajo esa amenaza.Unidas por cadenas similares a las de un ancla de barco, las topadoras arremeten. En su ruta, "los animales son aplastados, migran o se quedan sin presas y se comen hasta los perros de las haciendas", dice Noemí Cruz, miembro de Greenpeace.Un informe de la Secretaría de Ambiente de la Nación enciende la alarma: entre 2002 y 2006, la pérdida de bosques salteños se duplicó en relación al período 1998-2002. Según Greenpeace en 2007 la secretaría de Medio Ambiente de Salta convocó a audiencias públicas para autorizar el desmonte de 228.835 hectáreas: el equivalente a 12 veces la Ciudad de Buenos Aires. "La protección de bosques no es una mera demanda ecologista, de atrasados que no ven el progreso", dice Walter Pengue, director del posgrado de Economía Ecológica de la UBA. Se refiere a que la decisión de hipotecar el ambiente en nombre del desarrollo ya impacta en la gente. Orán muestra las huellas horizontales de las inundaciones. "Sin árboles se reorienta el agua, los suelos se impermeabilizan y los pueblos se inundan", explica a Clarín Jorge Morello, doctor en ciencias naturales. El pronóstico no es alentador: "La falta de cobertura vegetal reduce la capacidad de la selva de retener agua. Por eso, como pasó en Tartagal, podrían haber aludes", completa Daniel Somma, doctor en ciencias ambientales.Hoy, Orán se está enfrentando con enfermedades que los expertos asocian al desmonte. "Los casos de hantavirus y dengue crecieron un 30% respecto a 2006", explicó Pedro Rueda, del Equipo de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Salta. "La leishmaniasis avanza hacia centros urbanos: por la deforestación el mosquito transmisor se está adaptando a la ciudad", siguió Oscar Salomón, director del Centro Nacional de Endemo Epidemias del Ministerio de Salud de la Nación. La leishmaniasis nace de la picadura de un mosquito y deriva en una úlcera. Si el parásito reaparece, destruye el cartílago de la nariz o del paladar. Según el último censo, en Orán viven 124.000 personas. Esa ciudad es hoy tierra de contrastes: camionetas 4x4 que se rozan con pobladores de las etnias kolla, avá guaraní y wichí que, indirectamente, fueron expulsados de sus tierras: "A los campesinos y a los aborígenes se les cerró hasta el acceso al agua. Ahora viven en asentamientos y en condiciones de subalimentación: antes cazaban o pescaban, hoy comen en los basurales", cuenta Morello."Es mentira que el desmonte provoca inundaciones, cambios climáticos o que aumenta los casos de leishmaniasis. Y si los indígenas migran a las ciudades es porque allí encuentran mejores condiciones de vida. El desmonte es una etapa de un proceso productivo y el impacto positivo a largo plazo es más importante que el impacto negativo inmediato", dijo a Clarín Gustavo López Ascencio, secretario de Medio Ambiente de Salta. Salta autorizó el desmonte de 1.670 hectáreas para que una empresa pueda sembrar soja. Las tierras están en el territorio que fue incluido por la UNESCO en la reserva mundial de biosfera. ¿Qué significa? Según la web del municipio de Orán, "satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer las de las generaciones futuras". Los hechos dicen otra cosa. Cifra I 280.000 son las hectáreas taladas en Salta en los últimos cuatro años. El desmonte fue un 113% mayor que entre 1998 y 2002. Cifra II414.934 son las hectáreas que se desmontan por año en el país según datos de la Secretaría de Ambiente de la Nación. Dormirán en los árboles hasta que salga una ley Soportan temperaturas de 40 grados y tormentas eléctricas. Acampan en plena selva de Yungas salteña desde hace 13 días. Y, como ese joven que Italo Calvino creó en la novela "El barón rampante" y que vive más de 50 años sin bajarse de las ramas, los voluntarios de Greenpeace duermen a 25 metros de altura, en camillas atadas a los árboles. Dicen que se quedarán hasta que el Senado apruebe la Ley de Bosques, que permitirá detener los desmontes hasta que cada provincia elabore un plan de ordenamiento territorial. Con esa meta, Greenpeace ya juntó en su web 860.000 firmas (www.greenpeace.org.ar). Por Gisele Sousa Dias Fuente: diario "Clarín"Más información: www.clarin.com
Las topadoras avanzan con la potencia de un tanque de guerra y arrasan, cada dos minutos, con una hectárea de bosque nativo argentino. En la porción salteña de la Selva de Yungas, el avance de la agricultura late como una bomba de tiempo: las comunidades que vivían en el monte superpoblaron los asentamientos de Orán, la ciudad más cercana, y ahora mendigan por sus calles de polvo.Sin árboles que contengan el agua, Orán se inunda y su gente está aprendiendo a convivir con la presencia crónica de enfermedades: hantavirus, leishmaniasis y dengue. La selva de Yungas está en emergencia forestal. Y la gente de Orán vive bajo esa amenaza.Unidas por cadenas similares a las de un ancla de barco, las topadoras arremeten. En su ruta, "los animales son aplastados, migran o se quedan sin presas y se comen hasta los perros de las haciendas", dice Noemí Cruz, miembro de Greenpeace.Un informe de la Secretaría de Ambiente de la Nación enciende la alarma: entre 2002 y 2006, la pérdida de bosques salteños se duplicó en relación al período 1998-2002. Según Greenpeace en 2007 la secretaría de Medio Ambiente de Salta convocó a audiencias públicas para autorizar el desmonte de 228.835 hectáreas: el equivalente a 12 veces la Ciudad de Buenos Aires. "La protección de bosques no es una mera demanda ecologista, de atrasados que no ven el progreso", dice Walter Pengue, director del posgrado de Economía Ecológica de la UBA. Se refiere a que la decisión de hipotecar el ambiente en nombre del desarrollo ya impacta en la gente. Orán muestra las huellas horizontales de las inundaciones. "Sin árboles se reorienta el agua, los suelos se impermeabilizan y los pueblos se inundan", explica a Clarín Jorge Morello, doctor en ciencias naturales. El pronóstico no es alentador: "La falta de cobertura vegetal reduce la capacidad de la selva de retener agua. Por eso, como pasó en Tartagal, podrían haber aludes", completa Daniel Somma, doctor en ciencias ambientales.Hoy, Orán se está enfrentando con enfermedades que los expertos asocian al desmonte. "Los casos de hantavirus y dengue crecieron un 30% respecto a 2006", explicó Pedro Rueda, del Equipo de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Salta. "La leishmaniasis avanza hacia centros urbanos: por la deforestación el mosquito transmisor se está adaptando a la ciudad", siguió Oscar Salomón, director del Centro Nacional de Endemo Epidemias del Ministerio de Salud de la Nación. La leishmaniasis nace de la picadura de un mosquito y deriva en una úlcera. Si el parásito reaparece, destruye el cartílago de la nariz o del paladar. Según el último censo, en Orán viven 124.000 personas. Esa ciudad es hoy tierra de contrastes: camionetas 4x4 que se rozan con pobladores de las etnias kolla, avá guaraní y wichí que, indirectamente, fueron expulsados de sus tierras: "A los campesinos y a los aborígenes se les cerró hasta el acceso al agua. Ahora viven en asentamientos y en condiciones de subalimentación: antes cazaban o pescaban, hoy comen en los basurales", cuenta Morello."Es mentira que el desmonte provoca inundaciones, cambios climáticos o que aumenta los casos de leishmaniasis. Y si los indígenas migran a las ciudades es porque allí encuentran mejores condiciones de vida. El desmonte es una etapa de un proceso productivo y el impacto positivo a largo plazo es más importante que el impacto negativo inmediato", dijo a Clarín Gustavo López Ascencio, secretario de Medio Ambiente de Salta. Salta autorizó el desmonte de 1.670 hectáreas para que una empresa pueda sembrar soja. Las tierras están en el territorio que fue incluido por la UNESCO en la reserva mundial de biosfera. ¿Qué significa? Según la web del municipio de Orán, "satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer las de las generaciones futuras". Los hechos dicen otra cosa. Cifra I 280.000 son las hectáreas taladas en Salta en los últimos cuatro años. El desmonte fue un 113% mayor que entre 1998 y 2002. Cifra II414.934 son las hectáreas que se desmontan por año en el país según datos de la Secretaría de Ambiente de la Nación. Dormirán en los árboles hasta que salga una ley Soportan temperaturas de 40 grados y tormentas eléctricas. Acampan en plena selva de Yungas salteña desde hace 13 días. Y, como ese joven que Italo Calvino creó en la novela "El barón rampante" y que vive más de 50 años sin bajarse de las ramas, los voluntarios de Greenpeace duermen a 25 metros de altura, en camillas atadas a los árboles. Dicen que se quedarán hasta que el Senado apruebe la Ley de Bosques, que permitirá detener los desmontes hasta que cada provincia elabore un plan de ordenamiento territorial. Con esa meta, Greenpeace ya juntó en su web 860.000 firmas (www.greenpeace.org.ar). Por Gisele Sousa Dias Fuente: diario "Clarín"Más información: www.clarin.com
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